La Peña de Francia
Tiene 1723 metros de altura. Se encuentra al sur de la provincia de Salamanca, en plena Sierra de Francia, y pertenece al término municipal de El Cabaco. Desde su cima se contempla la inmensa llanura del Campo Charro mirando hacia el norte, e incluso hay algunos que dicen haber visto la torre de la Catedral de Salamanca en días muy claros, con prismáticos, claro (yo no puedo confirmarlo
). Desde la capital salmantina sí que se aprecia la silueta de la montaña. Al sur se ve la provincia de Cáceres, donde se encuentran Las Hurdes, un lugar tristemente famoso por su oscura historia, pero con un encanto especial.
La Peña de Francia no destaca demasiado por su altura, pero tiene dos características que la hacen especial. Por un lado, su orografía. Es una montaña con un relieve muy complicado y pronunciado, con grandes acantilados. Su pico está relativamente aislado del resto del macizo montañoso, haciéndola reconocible desde muy lejos, además de por su característico “pirulí”, que es un repetidor de telecomunicaciones.
La otra de sus principales caracterísicas es su halo de misterio. Es un lugar de peregrinaje, no sólo para los aficionados al senderismo, sino por peregrinos cristianos que buscan el jubileo de la misma forma que los que hacen el Camino de Santiago. La razón de todo esto es que la Peña de Francia es un santuario mariano, donde se adora la talla de una Virgen negra que fue encontrada en el siglo XV.
La leyenda dice que un estudiante parisino, llamado Simón Rolán, fue testigo de una aparición de la Virgen, que le dijo que buscara una imagen suya que había estado perdida durante siglos. “Simón, vela; no renuncies a tu santa peregrinación, que tus trabajos tendrán recompensa”. De ahí que posteriormente se conociese a este hombre como Simón Vela, y hay una fuente en la falda de la montaña que lleva su nombre.
Pero volvamos a la historia. Simón busca la talla por toda Francia sin éxito. Recibe más mensajes de la Virgen y llega hasta Santiago, y de allí a Salamanca, donde oiría las primeras referencias a la Peña de Francia. De allí fue a San Martín del Castañar, y ayudado por varios vecinos, consiguió destapar la gruta en la cual se hallaba la estatua.
Simón construyó allí una capilla y se dedicó al cuidado de la Virgen. Después serían los Dominicos quienes se encargaran del lugar. Construirían allí un monasterio, que actualmente es también una hospedería.
Pero la historia de la estatua de la Virgen no acaba ahí; se perdió en varias ocasiones, e incluso fue víctima de desamortizaciones. Actualmente una copia de la original es la que se venera en la iglesia de Nuestra Señora de la Peña de Francia, ya que es costumbre que los peregrinos pasen a besarla antes y despúes de las ceremonias religiosas.
Hay que decir que los topónimos de toda la zona que acaban en Francia (como Peña de Francia, Sierra de Francia, río Francia y muchos otros) vienen de siglos antes, de la época de la Reconquista. Los reyes de Castilla ofrecieron tierras a los gascones, habitantes de una antigua región del sur de Francia, por instalarse en el sur de la provincia de Salamanca. Este lugar había sido durante muchos siglos frontera entre los reinos cristianos y musulmanes y había sido uno de sus campos de batalla. Por eso se quería repoblar.
En los meses de verano hay una enorme afluencia de turistas, incluso extranjeros, que visitan la montaña. Eso sí, en invierno el lugar se vuelve peligroso y a veces inaccesible por la nieve. En definitiva, un lugar emblemático de la provincia de Salamanca, y que merece la pena visitar, tanto si se es creyente como si no, por su gran valor histórico y paisajístico.
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