El fin del capitalismo (I)
El capitalismo no es algo sagrado. No es nuestra religión, no es nuestro Dios, no es algo que habite una esfera o una dimensión superior a la nuestra. No es infalible ni perfecto.
El capitalismo tal y como lo conocemos hoy en Occidente ha vivido tres fases, cada una en un siglo diferente. El siglo XIX fue el del nacimiento del sistema, basado en la Revolución Industrial y en la productividad. Fue por entonces cuando se crearon todos los intrumentos financieros más conocidos hoy: los bancos centrales, los mercados de valores, el dinero fiduciario, etc. Fue duro en sus inicios; las estrcuturas sociales cambiaron por completo ya que los burgueses industriales pasaron a tomar el control de la sociedad, y los trabajadores pasaron a ser meras herramientas de trabajo, dejando al margen su dignidad como personas.
El siglo XX fue el siglo del asentamiento; los trabajadores se acomodaron al sistema gracias a los sindicatos y los empresarios asumieron unas reglas del juego. El sistema financiero funcionaba aceptablemente; hubo bastantes crisis y de causas muy diversas, entre las cuales destacan la del 29 y la del 73 por haber tenido consecuencias que se extendieron unos cuantos años despúes. Las dos Guerras Mundiales tuvieron también causas y consecuencias económicas, y cambiaron mentalidades y métodos de actuación. Pero es un siglo muy complejo, en el que se ensayaron una gran cantidad de fórmulas para mantener el capitalismo. Las dos más importantes, muchas veces contrapuestas y con muchas variantes, son el liberalismo y la socialdemocracia. A esto hay que añadir el fenómeno de la globalización, especialmente en los años 90, que es probablemente lo que prendió la mecha de la situación que vivimos hoy.
El siglo XXI es el siglo de la agonía del sistema capitalista tal y como lo conocemos. El sistema productivo en el que se basó el capitalismo inicial, basado en la producción y en la persecución del bienestar material (aunque no siempre funcionara) ha perdido peso en favor un sistema financiero inmovilista, en el que la especulación es el gran negocio, donde se inflan y estallan burbujas, donde los precios de mercado sobrevaloran el valor nominal de todos los recursos del planeta. donde la riqueza se redistribuye continuamente y no precisamente a favor de los débiles, y donde se ha comenzado a jugar ya no sólo con los productos “accesorios” como hasta ahora, sino que ahora también se comienza a especular con los productos básicos de primera necesidad y con la energía, que es a fin de cuentas lo que nos mantiene en este mundo. Muy mala señal.
Voy a comenzar aquí una serie de artículos sobre la actual crisis que azota actualmente a todo el sistema económico y financiero mundial, sobre sus orígenes, historia, teorías e ideologías económicas… Eso sí, no quiero ser apocalíptico. No estoy diciendo que la actual crisis vaya a desembocar en el fin del sistema de forma inmediata. Pero a largo plazo lo será, porque no es un modelo sostenible, y por eso quiero hablar en términos mucho más generales y no ceñirme sólo a esta situación. Además, esta crisis no es necesariamente algo malo. Tal vez consigamos así darnos cuenta del valor real de las cosas y migrar a un nuevo sistema mucho más sensato.
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