Mar 29

Benjamin Franklin¡Arriba, maleantes e ignorantes! Eso es lo que diría Benjamin Franklin si pudiera pasearse el próximo domingo por las calles de cualquier ciudad europea. Porque es la UE la que nos impone el famoso cambio de hora, que este sábado nos quita una hora de sueño (o de fiesta…). Y no es una idea nueva; hay ciertas leyendas urbanas que dicen que la idea se remonta a 1973, cuando la crisis del petróleo provocó que mucha gente se concienciara de lo saludable que es el ahorro energético. Pero no.

A finales del siglo XVIII, Franklin hizo una visita a Francia para “promocionar” la reciente independencia de los Estados Unidos tras la guerra contra los británicos. Y se escandalizó al ver como los parisinos se levantaban a la misma hora en verano y en invierno, porque de todos es sabido que en verano amanece antes y hay que aprovechar las horas de luz matinales y evitar la tentación de quedarse en la cama. Así que, viendo el panorama, Franklin no es que ideara el cambio horario, pero sí sugirió que los parisinos se levantaran antes (que a efectos prácticos viene a ser lo mismo). Y en una carta al diario Le Journal propuso un impuesto contra la vagancia; es decir, establecer un impuesto para las contraventanas (¿a quién se le ocurre tapar la maravillosa luz solar?), racionar las velas y levantar a los perezosos haciendo sonar las campanas de las iglesias, e incluso a base de cañonazos. Fue él quien dijo la frase: “Acostarse y levantarse temprano hacen al hombre saludable, rico y sabio”.

En 1905, otro visionario, William Willet, fue el primero que propuso el cambio de hora como tal, al ver que en Londres la gente era igual que perezosa que en París. Willet luchó para que esta medida se aplicara por ley, pero desgraciadamente no vivió lo suficiente como para ver cumplido su deseo. No fue hasta 1916 cuando el parlamento británico promulgó la ley con el objetivo de ahorrar energía durante la Primera Guerra Mundial, cosa que también acababa de hacer Alemania.

Y, como decía al principio, la idea no se originó por culpa de la crisis del petróleo, pero sí fue por entonces cuando se generalizó en todo el hemisferio norte, que es donde se consume la mayor parte del crudo y por tanto donde se necesitaba ahorrar más. Así que el domingo por la mañana, quien se levante malhumorado por su hora perdida, ya sabe a quién tiene que pedir cuentas.